Julio Jara

Crea el proyecto Sueño Contigo para la exposición Ensayos sobre lo cutre. Lecturas del Archivo Miguel Benlloch.


Hacer memoria de lo sucedido, acordarse, que no recordar, me resulta teatral, tanto como el arte en su empeño de estetizar la vida, teatralizar la política. Memorias y otros relatos construyen una vida ordenada. Ejecuciones letradas (de la letra, que no de la palabra), argumentos para la implantación de lugares comunes materializados en estatuas, pilares, columnas, que nos hacen recordar la desobediencia de la mujer de Lot al girar su cabeza. Al mirar atrás contabilizamos la experiencia, idealizamos la vida. La perspectiva nos resume y acota, nos utiliza; somos herramienta, obediencia a la historia en detrimento de la leyenda, como único y razonable conocimiento para una verdadera interpretación de la realidad. Pero esto sí es un plató, la representación de una pipa, el epitafio de la vida, el mausoleo ¿y cómo saltarlo? Desde el recuerdo hacia la vida, superando todas las perspectivas, líneas rojas. Salto confiado de que seremos recogidos, sin censura y juicio, en los brazos de  la santa dispersión, lo que comúnmente llamamos desorden, basura, aquello que no cuenta, que no tiene interés, los restos. 

Recuerdo mis fracasos, que los intenté ordenar en un currículum publicado para un taller de lo desmedido; ahora vuelven a mí, repicando como campanas en lo alto de este campanario, cima de la basura en el que se instala un yo de resistencia. Porque de eso se trata cuando intentamos ordenar, acordarse que no recordar, sistematizar aquello que se niega a ser ordenado, la basura. 

El pobre desequilibra la memoria a través del escándalo de sus fracasos, así como la muerte entroniza la vida. El arte lleva consigo el fracaso, su propio acabamiento, al intentar ordenar, girando la cabeza, por parte del artista, el destello de luz que ha experimentado en su intimidad, dando lugar, irremediablemente, como ahora mismo me viene al recuerdo, una réplica infiel.

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