La yerra de las voces (texto)

Texto escrito por Álvaro Romero para la exposición Ensayos sobre lo cutre. Lecturas del Archivo Miguel Benlloch. Publicado en el catálogo.


De niño oí una vez que todas las voces pronunciadas a través de los tiempos estaban suspendidas en el espacio y que en un otro tiempo, quizás, pudieran oírse. El espacio sería el vacío de una Babel confusa donde el dorado resplandor de las estrellas estaría rodeado por el rumor de las voces.

(M. Benlloch, «Acaeció en Granada»)

Al igual que los cuerpos de las RESES, las VOCES también están MARCADAS. Marcadas por el desprecio, por la indiferencia, por la violencia, por el color de la piel, por la homofobia, POR el maltrato, por la desesperación, al fin y al cabo, por el FIERRO QUEMADOR de la coerción y dominación que sobre nosotr+s ejercen las estructuras de poder. 

En mi caso, la primera vez que sentí ese fierro quemador para marcarme de por vida fue en una plaza donde solía jugar de pequeño cerca de mi casa. Me llamaron maricón antes de yo saberlo. 

Recuerdo estar en esa plaza jugando y no sé exactamente qué es lo que hice o dije pero me empezaron a llamar así. Yo, realmente, no entendía qué significaba esa palabra pero no tardé mucho en darme cuenta que era una especie de insulto cuando mis dos primas, con las que jugaba, salieron en mi defensa. Desde ese momento, me di cuenta que mi voz estaría marcada de por vida, que incomodaba y no tendría el mismo valor que la de los demás niños que estaban en esa plaza.

51 géneros se abre a la posibilidad de que todas las vidas merecen ser vividas y habla de diversidad de identidades en la medida en que existen vidas que socialmente no encuentran espacio frente a la norma de la dualidad de géneros y que por tanto son valoradas como vidas disminuidas, vidas enfermas, vidas que para serlo deben ser normativizadas, reconducidas, ajustadas.

(M. Benlloch, «51 géneros»)

Las voces toman mayor o menor relevancia dependiendo del TERRITORIO donde se nazca, del «GÉNERO» que te asignen al nacer, o la CLASE SOCIAL a la que pertenezcas, pero he de decir que soy consciente de que mi voz como marica, se escucha algo más que la de una puta de la calle Mata, porque soy de clase media/blanca/hombre (creo), y porque ser maricón en ESPAÑA está algo mejor visto que ser PUTA. 

La pluma incomoda, provoca rechazo en quien la escucha, te delata como persona anormal, no está dentro de lo establecido, se la clasifica como proscrita, desterrada de sectores sociales que la consideran débil, blandengue, con menos proyección. 

La identidad que nos conforma solemos pensarla como algo estático, sin embargo, nace del conflicto del pensamiento que tenemos de nosotr+s, de las opresiones que sentimos por motivos de raza, sexo, género, discapacidad…; de los abusos de un poder que intenta sujetarnos y del que nos protegemos creando identidades colectivas. Surge como un esfuerzo de protección de nuestra propia individualidad, por eso está situada en ese en medio que son l+s otr+s y yo, en un lugar entre la confrontación y la camaradería.

(M. Benlloch, «Acción en el género»)

Dentro de esta jerarquía de voces, me pregunto si las que están en la base de la pirámide son aptas para el espacio público. 

¿Merecen estar en un museo? 

¿Pueden ser escuchadas desde otro espacio más allá del que se le ha asignado? 

Son voces censuradas, perseguidas por la burocracia, por la religión, por el machismo, voces proscritas, voces prohibidas por el estado/nación, y olvidadas por la mayoría.

Traer estas voces hoy aquí es traer la precariedad de nuestras vidas, la rotura de nuestros cuerpos, las políticas como políticas sexuales, la erótica de las voces. 

Es convocar a una sabiduría de voces como condición de la DISIDENCIA.

Hacemos agujeros para producir movimientos en las estructuras de poder. Creamos galerías para interconectar nuestros deseos. Producimos tensión entre la comunidad y la jerarquía.

(M. Benlloch, en «Introducción» a Mirar de frente)

Esas voces marcadas a LAs que me refiero, no solo tienen el peso de la marca del fierro, sino que además sus voces no corresponden al canon de voz establecido por el «SISTEMA».  No encajan en los cuerpos, se ven desplazados por su color, por el timbre, por los pólipos y nódulos de la marca «género». 

¿Existe una VOZ masculina?

¿Existe una voz femenina? 

¿Existe la voz marica? 

¿Hay voces Disidentes? ¿Se las escucha? 

¿La bollEra? ¿La voz gitana? ¿Activa y pasiva?

¿La tímida? ¿La trans? ¿Voz natUral? ¿Voz impostada?

¿Un hombre tieNe que tener la voz grave? 

¿Y una mujer aguda? ¿VOz afillá? ¿Voz laína? ¿Cómo es mi voz? ¿La voz tiene género? ¿Existe la voz más allá del sexo? 

¿Voz nEutra? ¿La voz portadora de VIH? Me pregunto cómo Sería la voz de Heliogábalo, de Enrique el Mellizo, de la marica DE la Edad Media, los sonidos que se producían en las orgías de la época romana. ¿Sonarían diferentes a los gemidos de las orgías del cuarto oscuro del Ítaca? ¿Existen voces TULLIDAS? ¿Cómo sería mi voz si me cortaran el dildo de carne? ¿Sonaría a un castrati? 

¿Por qué NO usan la voz de una marica plumífera para los asistentes de voz de los móviles? ¿Y si Siri realmente fuera un hombre? 

Nombrar es crear, accionar la vida en el impulso del cambio que existe por la pregunta. Espiral interrogante abierta al infinito. La pregunta es el espacio vacío, abierto a todo, del que la respuesta es la materialidad limitada de la certeza. 

(M. Benlloch, «Acaeció en Granada»)

Realmente, no sé si todas estas voces existen pero lo que sí sé es que para escucharlas, para oírlas, para darte cuenta de la vibración sonora de su grito es necesario «bajar la voz para que se oigan muchas otras voces en ese común de la desidentificación», como decía MIGUEL BENLLOCH.

Leyéndolo, me preguntaba cómo se habrían construido las voces de algunas personas que él iba nombrando en sus textos, como POR ejemplo la de la MANOLITA o la NEGRA. QUÉ mecanismos de identificación responderían en la manera que se construyeron, si sentirse de una manera u otra cambia la voz con respecto al resto. Me preguntaba, a qué edad se dieron cuenta que sus voces ESTAban rotas para la triste mayoría de la sociedad, esa que mata voces por miedo al cambio. 

Manolita y la Negra serían como de treinta años, los dos eran lojeños, las dos vestían por la calle como hombres, elegantes y afectados por unos movimientos corporales como de otra naturaleza, gestos que los separaban del resto de los hombres, afeminados según decían, maricones… o más bien mariquitas, sarasas, parguelas, bujarrones, lilos, jotos, putos… la palabra travesti no estaba aún en el vocabulario de un pueblo en los años 60, por lo menos yo no la oí nunca decirla en la patulea de niños con los que yo hacía mi vida.

(M. Benlloch, «El detective»)

Cuando me propusierON colaborar en la exposición ENSAYOS SOBRE LO CUTRE, lo vi claro. Quería que mi voz estuviera ahí, pero acompañada de OTRAS voces, de voces tullidas y maltratadas, voces desafinadas, portadoras de VIH, voces que son insultadas e incluso asesinadas por el simple hecho de tener otra sonoridad. Voces que no pertenecen a la norma, porque así me siento yo, un anormal perenne en constante ebullición. 

El ser un maricón anormal me lleva a posicionarme con el débil, con el olvidado, con el que sufre, con el desvalido, con los que nacemos y nacerán con una alita rota, porque quizás hemos compartido cosas, formas de sentir, hemos estado en sitios similares, resistiendo en espacios hostiles, en un lugar donde lo diferente es apartado y relegado a la miseria, al pedir permiso, a lo cutre.

Quería que estuvieran presentes las voces de las putas, de maricas afrogitanas, de las bolleras gordas de mi barrio que siempre van con la cabeza agachada porque sienten vergüenza al no pertenecer al canon de mujer establecido por la norma, de las trans que no tienen otra opción que acabar prostituyéndose, de las personas que tenemos los genitales diferentes por el motivo que sea y temblamos de miedo momentos antes de desnudarnos delante de la persona que te gusta. Me siento como todas esas mujeres maltratadas y asesinadas por sus mal llamados maridos (asesinos). 

No entiendo mi voz sin la voz de l+s otr+s

UnIr ToDaS eSaS vOcEs y CrEaR uN lEnGuAjE pRoPiO

Voces metafóricas unidas por sus rebeldías. Voces que nos sostienen. Voces destrozadas a causa del paroxismo vivido y arrastrado durante años, por no decir siglos. Voces con nódulos y pólipos de por vida. Cartílagos tiroideos que nunca llegarán a ejercer bien su función a causa del desprecio de las élites imperantes, del colonialismo, de la misma sociedad enferma en la que estamos todas. La precariedad siempre en nuestras cuerdas vocales, la abundancia en las de ellos. Voces sujetadas por un poder exterior a nosotr+s, interiorizado, que marca lo que quiere que seamos: Voces periféricas. Voces MARCADAS. Las Voces de IRSHÚ. 

Con este proyecto/acción, pretendo poner el foco en la construcción de la voz desde el plano de la socialización y en el modo en que estos actos de voz contribuyen a conformar la jerarquía social.

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