
Originalmente, la vitrina albergaba el instrumental médico del padre de Miguel Benlloch en Loja. Miguel la transformó y subvirtió su función mediante una acumulación de gestos y objetos reunidos a lo largo de su trayectoria performativa. En la intimidad de su hogar, la activaba depositando objetos encontrados o recibidos de sus visitantes. Así, componía configuraciones frágiles: pequeños altares de ofrendas y memorias suspendidas entre lo real y lo imaginario, una práctica afín a Los lares de la casa.
Esta obra, reservada a la mirada de quienes entraban en su casa, funcionaba como un work in progress al calor de los afectos. Hoy permanece como la huella de acciones pasadas; un íntimo monumento a lo infraleve y a esa improvisación ensayada que atravesó toda su producción artística.
Sin título, 1990/2018. Objetos y vitrina






