O DONDE HABITE EL OLVIDO

Tres obras bajo un mismo título rinden el homenaje de Miguel Benlloch a James Lee Byars.

El vídeo O donde habite el olvido, realizado en el año 2001. Relato audiovisual de la construcción de La esfera de oro de James Lee Byars en octubre de 1992 y su destrucción el 8 de junio de 1994, por medio de imágenes que visualizan todo el proceso y de la voz en off de Miguel recitando su poema «Granada» mezclada con un collage musical de una granaína y media granaína. El poema se publicó en el catálogo Plus Ultra como presentación de la obra de Byars en Granada.

Miguel narra dicho proceso en el texto Acaeció en Granada.

Miguel Benlloch, O donde habite el olvido, 2001
Vídeo, 7 min. 57 seg.
Guión y dirección: Miguel Benlloch. Realización y montaje: Ivan Schreck. Cámaras: Miguel Benlloch y Carmen F. Sigler

La acción O donde habite el olvido, presentada en el Festival de Performance de Granada, comisariado por Margarita Aizpuru en el año 2000, en el Palacio de los Córdova, el mismo espacio donde se presentó La esfera de oro en 1992. La luz que ilumina y borra, la presencia y la ausencia, el círculo y el sonido extraído de los simbólicos objetos conforman el ritual performativo de Miguel pautado por gestos y superposición de ropas. Posteriormente a la acción, en el vídeo-documento de la misma se incorpora el vídeo O donde habite el olvido.

Miguel Benlloch, O donde habite el olvido, 2000
Vídeo-documento de la acción, 21 min. 34 seg.
Vídeo: Manuel Prados Sánchez

Miguel Benlloch, O donde habite el olvido, 2000

La instalación O donde habite el olvido 1992-2002, construida con el vídeo de igual título, el cascote de La esfera de oro rescatado el día que se destruye, la placa informativa, los planos, una fotografía de Miguel introduciéndose en dicha esfera —en cuyo interior acciona María de la O—, el poema «Granada» y el texto «O donde habite el olvido».

Los modos de hacer de Miguel por capas que se superponen alcanzan en este entramado de obras un grado de intensidad a la altura de la memoria que desea restituir, la de James Lee Byars.

Miguel Benlloch, O donde habite el olvido 1992-2002

Granada

La perfección se aleja de la ciudad amada, sentir su
corazón parece más un sueño, una idea difusa que se
evade en medio de la importancia que conlleva la
búsqueda de lo perfecto. Habitado por la historia el
paraíso huye de la realidad a través del tiempo
constructor del espacio.

Somos habitantes de una ciudad nacida de otra
cultura, desterrada a golpe de sumisión y sufrimiento.
Sin embargo en la ciudad persiste su recuerdo en las
sublimes construcciones realizadas por los que
cruzaron el Estrecho.

Granada es un corazón árabe deshabitado al que
nunca hemos amado bastante, porque fue llamado
extraño y enemigo por el nuevo orden nacido tras la
expulsión. Quien hizo la ciudad no vive en ella. No
somos sus herederos. Sólo constructores de olvido.
Destructores.

Miguel Benlloch, 1992

O donde habite el olvido

James Lee Byars (Detroit 1932 – El Cairo 1997) fue invitado a participar en Plus Ultra, un pro­yecto de arte contemporáneo comisariado por Mar Villaespesa, producido por BNV, bajo el patrocinio del Pabellón de Andalucía de la Expo´92. Se desarrolló en las ocho provincias andaluzas, en ocho monumentos para los que ocho artistas nacionales e internacionales realizaron propuestas específicas en cada uno de ellos.

A Byars, invitado a realizar su propuesta en Granada, en una primera vi­sita a la ciudad se le mostraron una serie de espacios para desarrollarla, como la Alhambra o el Cuarto Real de Santo Domingo.

Byars acostumbraba a realizar sus obras con materiales autóctonos y conoció entre otros la piedra de Padúl, o el mármol rosa de la sierra de Loja. Tras visitar diversos monumentos de la ciudad optó por el Patio del Palacio de Carlos V y su propuesta definitiva consistía en la construcción de una esfera de escayola de tres metros de diámetro, un espesor de diez centímetros, recubierta de oro y que en su interior guardaba el vacío de otra esfera.

La elección de la escayola sorprendió, nunca había realizado una obra con este ma­terial considerado poco noble. La elección se debió a que la escayola era el material con el que se construyeron las cúpulas de mocárabes en la Alhambra.

La esfera de oro sería colocada en el centro del círculo que conforma el Patio del Palacio de Carlos V. Cuadrado, círculo, esfera. La Alhambra fracturada por el proyecto del emperador, volvía a estar a través de La esfera de oro en el centro del mismo. La esfera era una cosmogonía que aunaba la fragilidad y fortaleza de la Alhambra y se reintroducía en el espacio arrebatado. Byars quería que sus palabras y objetos aprendie­ran la libertad de sugerir todos los significados posibles.

El Palacio de Carlos V fue denegado por la comisión del Patronato sin más justifica­ción. La esfera era expulsada del recinto elegido.

La búsqueda de un nuevo espacio que tuviera relación con la elección denegada llevó al jardín del Palacio de los Córdova, un palacio trasladado así mismo de su primitiva ubica­ción, en lo que hoy se conoce como Plaza de Isabel la Católica, y reconstruido a principios del siglo XX en su actual emplazamiento. La esfera no iba a estar en el recinto de la Alhambra pero desde ella sería vista en todo su esplendor.

La esfera fue construida por maestros artesanos granadinos, Byars visitó sus talle­res, propuso su idea y departió con ellos. Tanto el maestro escayolista Francisco Martín Fer­nández, como el maestro dorador Antonio López Marín se entusiasmaron en su realización. Construida su estructura in situ y dorada al aire libre La esfera de oro adquiere toda su transcen­dencia, la idea y la materia se unían adquiriendo toda su potencialidad.

Byars, conocido internacionalmente no sólo por sus obras sino también como uno de los más importantes performer desde finales de los años cincuenta, pionero del arte de la acción, había concebido la presentación como un acto espiritual, en ella se leyeron poemas de Lao Tsé y desde el interior de la esfera, sin que el público hubiera visto a nadie penetrar en ella, una persona pronunciaba cantando rítmicamente el nombre de María de la O.

La esfera de oro permaneció en el Palacio de los Córdova durante el periodo de expo­sición, al finalizar este tiempo la esfera quedó sin vigilancia específica y el deterioro se fue apoderando de ella. Pasado más de un año, y sin haber fructificado las gestiones con diversas instituciones de la ciudad, la esfera fue destruida el 8 de junio de 1994. Palada a palada los cascotes blancos y brillantes fueron cargados en un camión y arrojados a los vertederos del Barranco de Víznar.

Miguel Benlloch, octubre 2001

Y todo era el uno y el uno contenía el dos y separó la luz de las tinieblas y llamó a la luz día y a las tinieblas noche.

La luz ilumina lo que ves, pero la luz, en su intensidad, ciega; luz cegadora, sin visión.

¿De dónde surge esta aparente contradicción sobre la luz y su exceso? ¿De su intensi­dad? Toda la luz es desaparición, sólo a media luz se ve. La luz es en la oscuridad.

La esfera de oro de James Lee Byars que brilla desde cualquier punto contiene en su interior el vacío de la esfera, su interior es oscuridad, el centro es la no luz. El exterior deslumbra, produciendo destellos que son, en la medida que alguien los ve. Los destellos no están sino en la mirada y provienen de la oscuridad. En la oscuridad buscamos para encon­trar el destello que ciega y desenfoca los ojos. Por la mirada la iluminación encuentra.

De ese centro vacío y oscuro de la esfera surgió la voz que narra la iluminación y su oscuridad. La voz, el verbo, lo más interior y primero, la voz que desentraña y ordena, la voz que nombra y crea, la voz que parte del caos que es el uno.

El uno es la destrucción, la no existencia, el fin.

¿Cómo no ser en el uno, principio y fin? Habitando con la voz la luz y la oscuridad.

¡Enfrentaros al uno!

Miguel Benlloch, junio 2002

Folleto
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